domingo, 22 de marzo de 2015

Fuera de proteccionismos y dolorosas calumnias hay voces que deben de ser escuchadas

Después de años la lucha libre mexicana volvió a ser el principal tema en las sobremesas, lamentablemente, el motivo no fue la lucha en si sino la trágica muerte del Hijo del Perro Aguayo como consecuencia de un accidente derivado del ejercicio de su profesión.

A raíz del incidente aficionados y no aficionados han externado sus opiniones, algunas muy acertadas y con un elevado sentido común, muchas otras, la mayoría de hecho, rayando en un absurdo proteccionismo derivado del fanatismo o de una ignorancia supina que sugiere tesis imposibles o abiertamente ridículas. Ni siquiera hay lugar para detenerse a comentar las opiniones vertidas por "trolls" o por fanáticos que en cualquier hecho quieren ver una guerra de empresas y oportunidad para lanzar descalificaciones.

En realidad la opinión de la gente ligada a la lucha libre y la de los no aficionados no tiene porque no coexistir, ambas se complementan de hecho, la primera por conocer los secretos de la industria y la segunda por desconocerla, en efecto, quienes no están familiarizados con la lucha libre de manera comprensible se asombran e indignan ante condiciones laborales que tristemente ya hemos aceptado como "normales".
¿A quién le incómoda que se hable de negligencia si de estas denuncias pueden derivar mejores condiciones laborales? ¿A quién le molesta que se hable de falta de capacitación, asistencia médica y de la creación o modificación de protocolos para casos de emergencia? ¿Realmente a quién le puede molestar que se canten dolorosas verdades de las que no escapa ninguna promotora en México? Por envolverse en la bandera de la lucha libre se están denostando opiniones valiosas que lo único que buscan es que lo más importante de este negocio, sus luchadores, puedan laborar bajo mejores condiciones. En estricto apego al sentido común no encuentro mala fe en dichas observaciones, al contrario, me parecen opiniones sensatas y es que, aún y cuando en nuestro sistema público de salud la atención médica pueda llegar a ser un calvario, lo cierto es que la lucha libre es un negocio de particulares que perfectamente podrían brindar una asistencia de mayor calidad.


La cordura tiene que prevalecer, el fanatismo no lleva a nada, vaya, incluso ese fanatismo ha llevado a creer, sin cuestionar, las versiones de autoridades que tradicionalmente son motivo de suspicacia en nuestro país. Estamos acostumbrados a trabajar con autoridades corruptas, y ahora, con tal de realizar una defensa a ultranza de la lucha libre se ha caído hasta el punto de legitimar a quienes tradicionalmente falsean información a conveniencia ¿o no?

¿Realmente todo se vale?

No hay duda, fue un accidente, un lamentable accidente, uno entre millones, ahora bien, también en defensa de la lucha libre se han dicho cosas tales como: "es normal, es algo común", "el luchador firma un contrato, acepta los riesgos y renuncia a sus derechos", "morir en el ring es el sueño de todo luchador", en fin, una serie de estupideces que es imposible enlistar. No, no es normal, el luchador no es un costal de papas, es un ser humano que tiene derechos irrenunciables, son hijos, esposos, padres de familia que ejercen una actividad física en un entorno consensuado y controlado que merecen tener asistencia médica de calidad para el caso de que en situaciones extraordinarias tengan un accidente. El luchador, como cualquier otro profesionista, sueña con disfrutar el fruto de su trabajo en compañía de sus seres queridos. "Es normal que quien trabaje con vidrio se muera atravesado por un pedazo de cristal" no, no es normal, lo normal es que quien trabaje con dicho material lo haga con los debidos cuidados, profesionalismo y con su equipo de protección.

La lucha libre es una actividad que se desarrolla entre profesionales, es un deporte espectáculo de contacto en donde, a diferencia del box o las artes marciales, ningún luchador que se diga profesional se sube al ring con la intención de "acabar" con el adversario. No se sale a noquear, no, en la lucha libre el adversario, en realidad un compañero, es un colega con quien se ejecuta una serie de rutinas luchistícas bajo un código de honor que implica cuidar y ser cuidado. Hay accidentes, por supuesto, pero son la excepción, se trabaja para que no sucedan y, de hecho, prácticamente no suceden.

Ahora bien, por supuesto que Rey Mysterio no tiene ninguna responsabilidad penal, decir eso es absurdo, pero cabe señalar que no todas las acciones acontecidas en un ring que puedan derivar en una lesión o en la muerte de un colega de profesión dejan al luchador exento de responsabilidad penal, no, únicamente lo harán aquellas que sean consecuencia del ejercicio de su profesión, por ejemplo, es dable que tras una barrida un futbolista sufra una lesión en la pierna más no es aceptable que un futbolista le cause una lesión a otro como consecuencia de darle una artera patada en la cabeza a un colega que se encuentre en el piso, es dable que derivado de un choque un jugador de fútbol americano accidentalmente lesione a un rival pero no es aceptable que se quite el casco y golpeé con él la nuca de un colega. En la lucha libre es exactamente igual,  no son sancionadas las lesiones que son consecuencia de la actividad que se realiza -como en el caso de Mysterio-, pero, aquellas que se salgan de la misma por supuesto que pueden serlo. De lo anterior se deriva la controversia sobre si el uso de artefactos prohibidos o la lucha que se realiza fuera del ring o hasta en las gradas corresponde o no a las actividades propias de la profesión, o bien, si se encuentran fuera de ella. Para quienes saben de lucha libre no les es difícil ubicar las conductas antideportivas, mismas que en un momento determinado si pudieran ser materia de responsabilidad penal. Que no se quede la idea de que todo lo que se hace arriba de un ring es licito.

Focos Rojos.

En primer lugar reiterar en que no es malo que se señalen las deficiencias de atención médica que hay en las arenas del país, como también sería deseable establecer un criterio sobre las condiciones mínimas de calidad y de seguridad que debe de tener un ring, tampoco esta de más la exigencia de que solo se le expida su licencia a elementos que verdaderamente tengan la calidad técnica para hacerlo, impedir subir al ring a luchadores que se encuentren bajo efectos de alcohol, drogas o que por condiciones de salud no puedan subir al ring. En el caso de los luchadores hard-core exigirles la presentación de exámenes médicos e imponerles mayor control en los artefactos que, sin ninguna medida de higiene, utilizan para provocar el sangrado en sus adversarios.

En fin, hay muchas cosas que mejorar, es tedioso, por supuesto, pero con la salud no se escatima, afortunadamente los accidentes con letales consecuencias son mínimos, por lucha se dan en porcentajes que no llegan ni al 1 % pero, por supuesto, no esta de más tomar las precauciones necesarias para hacer más seguro al deporte que nos apasiona.

El tiempo dirá si la tragedia sirve para mejorar las condiciones de trabajo, o bien, si se suma a la larga lista de lamentables incidentes que en su momento causan conmoción pero que después se olvidan sin que nada haya cambiado.

Imagen: SCORSESE, M. (director) (1980) Raging Bull (Largometraje, 129 min.)